Write like a girl
  • wlg
  • Herencia hereje
  • Espejos
  • Ventana abierta
  • Rojo
  • Cartas a Centón
  • Mamushkas

Nomeolvides, de Roberta Iannamico

4/7/2023

0 Comments

 
nomeolvides
un ramito de florcitas bien celestes
me dijiste que nacían para mí
yo quería que mi nombre sea celeste
ser del cielo que se guarda en las palabras
ser floreada camisita de la infancia
Robertina que tus ojos iluminan
silenciosa con un lápiz en la mano
corazón como caballo desbocado
maravillas señalabas con la voz
  

Silvio Mattoni afirma en Tekhné que dejarse llevar por las palabras es el momento en el cual el error de querer usarlas para decir algo se transforma en «la más verdadera verdad». Y esto es, precisamente, lo que intuye el yo que habla en Nomeolvides de Roberta Iannamico. Este libro, atravesado por la inocencia de una naturaleza que no está al servicio del paisaje, sino intrincadamente dentro de esta conciencia que la abraza y la interpela, nos traslada a un horizonte bucólico en el que los objetos urbanos quedan engarzados solo a la narrativa fotográfica de lo que se percibe siempre en un espacio exterior.
 
Iannamico escribe un poemario para grandes y chiques, los temas que tocan sus vértices nos conduce hacia la nostalgia y el dolor de la pérdida, pero también, al juego de las casualidades posibles: el nombre de una flor como título es ya una guía de lectura.
 
Todo el libro arriesga con los sonidos de las rimas que van y vienen, la utilización de la paranomasia como recurso frecuente y la personificación de esos espacios exteriores en los que el sonido amable de sus seres nos deja adivinar la presencia de animales y elementos.
 
La posibilidad de la infancia, esa patria a la que queremos volver una y otra vez y que Rilke definió como el único hogar posible, nos habla desde el poemario de Iannamico con una voz que desde la adultez mira de reojo a la que fue y reflexiona sobre la posibilidad de ser con la que se ha sido.
 
Poemas sin título dejan ver una escritura como hecha a mano, en la artesanía de la  elección de las palabras, en los espacios que nos permiten, como quienes leemos y atestiguamos espectantes, tomar aire para transponer el siguiente poema, para hacer propio lo ya leído.
 
El poemario se divide en pequeñas secciones y comienza con una invocación a la musa, al mejor estilo griego: “inspiración/cantame tu canción”. “Un peinado con pájaros” es la primera sección y ya aquí atestiguamos la presencia de la naturaleza como el componente que dará el marco, pero también la profundidad. Una plaza de noche, el calor, la primavera, una mariposa en una estación de servicio nos asombran con la simpleza de lo pequeño.
 
“Polenta con el mar” habla sobre la luna tan baja, una conciencia sobre la enseñanza de la naturaleza: “entre ustedes aprendo/arroyo piedra árbol/pájaros grillos/con el sol posándose sobre nosotros”. También aquí hay alusiones a objetivos cotidianos: los anteojos, la mesa de madera, vasos, cuadernos botellas, la pava y el pan que simplemente acompañan lo que acontece puertas afuera y dentro del propio cuerpo.
 
“En tanto que viento es” apela a un vos en el recuerdo de la infancia, en el amor de una amiga, en les hijes en común: 
mientras va pasando el tiempo
en tanto que viento es
siempre que
como el aire nos dejamos llevar
adonde no sabemos
ahora que te miro bien
tenés algo acuático alrededor del iris
hoy que contabas
los hechos de tu vida
yo veía la costa
del mar cuando atardece
el planeta tierra
visto desde lejos

 
En “Ombligo del mundo” hay un adentro, que puede ser el giro de una calesita, un hospital, una casa a la que se llega luego de la jornada de trabajo, el propio cuerpo, el propio poema.
 
“El sol tenderá tibia manta” es ese cobijo que puede ser una mano amiga, pero también el vientre que espera el nacimiento, o el anhelo de lo compartido para “los solos/que no tiene con quién festejar”.
 
“Y además agregar” nos lleva hasta los paisajes exteriores en la nieve, los árboles parados, pero también los interiores, la preparación de la comida “los choris en la parrilla/el repollo ya cortado” o “¡salten ajos! /¡a la sartén!”.
 
“Gracias” dice el poema que resume el hilo común en este apartado: “gracias/ese día lindo era mío, el recuerdo de la escuela, la ventana”, y la luz atraviesa los poemas de este segmento.
 
“Creciente luna sol al lado” juega con los opuestos, con la dualidad de la noche y la luz, la humedad y el sol, el cielo y la tierra: “pobre luna se cree sol/y ahí nomás/ tiene que morir”.
 
“Y vamos variando” cierra este viaje hacia el interior de esta naturaleza viva con las nomeolvides y la añoranza: “vos eras la única luz”.
 
Mario Montalbetti nos recuerda en Sentido y ceguera del poema que hablamos sobre las cosas, pero las cosas son indiferentes a lo que decimos sobre ellas:
Las cosas siguen su curso de ser, de estar, de moverse
perfectamente indiferentes a lo que decimos sobre ellas.
[...]
Y esto porque creo que el poeta
no es solo responsable del poema que crea
sino también es responsable de salvarlo.
 
Así nos dice en el poemario de Iannamico esa voz que interroga al mundo:
¿qué querés?
cualquier cosa
cuyo nombre no sepa
¿cuánto cuesta?
como mil instantes
¿cómo la puedo pagar?
en cuotas
¿cuándo pago la primera?
ahora
¿dónde la paso a retirar?
acá

 
Silvio Mattoni agrega en Tekhné que el verso tiene razones que el proyecto de poema desconoce. Hacia ese detalle mínimo nos conduce Roberta Iannamico, hacia la atención puesta en la fragilidad de los nombres que les damos a las cosas, pero también, a la imposibilidad de abarcar con el lenguaje la belleza de la naturaleza, y en definitiva, de nosotres mismes. 

​Nomeolvides
Roberta Iannamico
Bahía Blanca
2015
Ediciones VOX
​125 pp.
Picture
Picture
Picture
0 Comments



Leave a Reply.

Powered by Create your own unique website with customizable templates.
  • wlg
  • Herencia hereje
  • Espejos
  • Ventana abierta
  • Rojo
  • Cartas a Centón
  • Mamushkas